Prejuicios

“Había una vez un camionero llamado Jaime que trabajaba por las noches haciendo el reparto de comida fresca para las tiendas de pueblos pequeños perdidos en la montaña. Era un trabajo importante, porque mucha gente de los pueblos no tenía posibilidades de salir de ellos para hacer la compra, y el que Jaime no hiciera su trabajo muchas veces significaba que sus habitantes se quedaran sin recursos. Jaime tenía una gran responsabilidad a sus espaldas y él lo sabía.

Resulta que en uno de sus trayectos entre pueblos se le reventó una de las ruedas del camión de reparto y Jaime empezó a agobiarse pensando que no podría acabar su trabajo, porque resulta que no tenía un gato para poder cambiar la rueda.

Pero Jaime tuvo una idea, quedaban solo unos pocos kilómetros hasta llegar al próximo pueblo, así que decidió caminar hasta él y pedir a alguien que le prestara un gato para poder así cambiar la rueda y acabar el reparto a tiempo. Y así lo hizo, empezó a caminar hacia el siguiente pueblo.

Mientras caminaba Jaime empezó a pensar: menos mal que el próximo pueblo queda cerca, seguro que allí encuentro ayuda. Además tienen fama de ser bastante majos, así que seguro no tengo ningún problema. Pero claro, es muy tarde, igual no les hace gracia que un desconocido llame a su puerta pidiendo ayuda. Puede que se enfaden y me den con la puerta en las narices pero… ¿Qué hago? No tengo alternativa, necesito el gato…

Jaime continuó andando y pensando en sus cosas: Seguro que ni me abren la puerta. Es demasiado tarde, igual les da miedo encontrar a un extraño en su portal. ¿Y si llaman a la policía?
¿Y si me detienen? Pero yo no busco problemas, solo quiero un gato, ¿harían eso?

Mientras seguía cada vez más sumido en sus pensamientos las primeras casas empezaron a entrar en su campo de visión: Ahí está el pueblo, por fin podré pedir ayuda, aunque seguro que ni me abren, y si lo hacen puede hasta que intenten pegarme o amenazarme por lo tarde que es. Seguro que les molesta que llame a su puerta.

En tanto, llegó a la puerta de la casa y mientras se acercaba al timbre seguía pensando en lo mismo. “Ding-Dong” al poco rato un sonriente hombre abrió la puerta. Sin darle tiempo a articular palabra Jaime alzó la voz y le espetó en la cara: ¿Sabes que te digo? ¡Qué te metas el gato por el culo!

Y se dio media vuelta y se fue, dejando al pobre hombre con un palmo de narices y pensando, vaya gilipollas que viene aquí a mi casa a tocarme las narices. Pensamiento que expresó en voz alta con un: ¡Serás gilipollas! No vuelvas a tocar al timbre para faltarme al respeto de esa manera.

Y así fue como Jaime se volvió a su camión, sin gato para poder arreglarlo, sin poder terminar de hacer su reparto y pensando: Lo sabía. Sabía que no me iban a ayudar, y ahora me quedo sin poder terminar la ruta, seguro que me echan y todo por culpa de ese tipo”

¿Que hemos aprendido hoy de Jaime? Que gracias a sus prejuicios sobre lo que iba a pasar se quedó sin poder solucionar su problema. A medida que fue acercándose al pueblo se iba auto convenciendo de que le iban a tratar mal y que no iba a conseguir lo que estaba buscando, por lo tanto acabó actuando de tal manera que consiguió una respuesta que él presuponía que iba a obtener, auto convenciéndose de esa manera de que tenía razón desde un principio con ese sonoro “Lo sabía”.

El caso es que si no hubiera sido tan rudo ni maleducado probablemente hubiera conseguido ayuda de ese hombre, ya que alguien que te abre la puerta sonriente lo más seguro es que no tenga problema en ayudarte si le explicas tu situación.

Por lo tanto ¿qué tenemos que hacer? Pues no voy a ser yo el que os diga cómo actuar o no, que estamos en un país libre, pero a mí por lo menos, pensar que alguien me va a tratar mal sin siquiera conocerlo no me saca de nada.

Creo que lo mejor es sacar tus propias conclusiones con el tiempo. Aunque es muy difícil no prejudgar por la manera de vestir, la manera de hablar, lo que otros te han contado de sus experiencias personales… lo mejor es crearte tu propia opinión y con el tiempo decidir si realmente ese alguien es beneficioso para ti o una persona tóxica. Nunca se sabe dónde puedes
encontrar un amigo, y te sorprendería saber hasta qué punto puedes encontrar a una persona maravillosa si dejas de lado los prejuicios y le das una oportunidad a la gente.

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